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miércoles, 20 de enero de 2016

Dudar siempre


Por Vale Villa



Contar la vida como una sucesión de afirmaciones que no admiten sospecha, surge de la necesidad de dar sentido y claridad a la historia personal. Pareciera que hay que explicar con convicción férrea porqué se eligió una profesión, el momento de casarse, de divorciarse, la decisión de no tener hijos, la orientación sexual. Los discursos se pronuncian creyendo, ilusamente, que existe la verdad.

"Una de las tareas de la existencia, la fuente de la libertad humana, es jamás aceptar algo como definitivo, intocable, obvio o inmóvil."
Así lo afirmó Michel Foucault en la Universidad de Berkeley en 1980. Han pasado más de 35 años desde entonces pero sus ideas conservan peso y resonancia. Estudiar a Foucault es recordar que siempre es posible cuestionar las "verdades universales" porque son construcciones históricas y sociales.

El poder es cualquier forma de pensamiento que pretenda mantener inmóviles e intocables las cosas que se ofrecen como reales, naturales, verdaderas o buenas: la heterosexualidad, la objetividad, la confesión de los pecados, los sistemas de impartición de justicia, la idea de normalidad y anormalidad, creer en Dios, la monogamia, la ciencia, lo bello, el castigo, entre muchas otras.
El poder no es solo el que ejerce el estado o su ejército sobre los ciudadanos, sino la opresión que las ideas internalizadas ocasiona en la mente de las personas.
Foucault critica cualquier sistema que adoctrine a los individuos en el fanatismo sobre la verdad. Por ejemplo, cuestiona a Freud por estructuralista: el psicoanálisis en su versión original partía de preceptos estáticos y estructurales para interpretar la realidad: ello, yo, superyo; consciente, preconsciente, inconsciente; etapa oral, anal, fálica, latencia y genital. Las explicaciones freudianas han inspirado el trabajo de muchos profesionales de la salud emocional, pero también han limitado el pensamiento crítico y han alimentado el sesgo de algunos pacientes que vienen al consultorio preguntando por qué y que se frustran al no encontrar una respuesta única a los dilemas de su vida.
Foucault hace una invitación a lo largo de su obra para practicar el autoexamen con estoicismo; sospechar siempre de las certezas como una forma de relacionarse con el mundo; aceptar que la subjetividad es el único método de conocimiento posible.
La vida, prosigue Foucault, tiene una dimensión política: qué estamos dispuestos a aceptar o a rechazar en nosotros y en las circunstancias. La crítica como método filosófico, es el único modo de autoconocimiento y de conocimiento. Entender que las ideas son reflejo de un momento histórico ayuda a no sucumbir a la tentación del naturalismo, que entiende todo como natural o antinatural.
El conocimiento es producto de la interpretación y la verdad siempre es una construcción de nuestras subjetividades.

Estudiar a Foucault sirve en la vida diaria para identificar cualquier forma o intento de dominio sobre los otros. El deseo de imponer una visión personal como si fuera una verdad absoluta.
La violencia impera ahí donde lo subjetivo se vive como verdadero. El poco entendimiento entre las personas surge casi siempre de la necesidad de tener la razón. O del pensamiento moralista que solamente sabe clasificar al mundo en bueno y malo.
Recordar que hay una historia detrás de cada persona y una forma irrepetible de interpretar el mundo, puede ser un buen punto de partida para construir relaciones basadas en el respeto radical por la libertad de pensamiento.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa.

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