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domingo, 1 de noviembre de 2015

50% la población femenina en centros contra adicciones



En los últimos cinco años aumentó 50 por ciento la población femenina en los centros de rehabilitación contra las adicciones, destacó Alejandro Garcilazo Ruiz, presidente de la institución de asistencia privada Quinta Renacimiento.

Dijo que en su centro de ayuda se atienden alrededor de 12 mujeres, la mayoría de las cuales busca salir de las drogas o el alcoholismo.

Consideró que las mujeres son las más perjudicadas por las adicciones, en tanto que bajo los efectos del alcohol o las drogas suelen ser víctimas de abuso sexual, lo que trae consigo otro tipo de problemas.

"Las adicciones y la sexualidad están muy relacionadas, y la mayoría de las veces que las parejas consumen bebidas embriagantes y demás substancias nocivas tienen relaciones sexuales, con o sin el consentimiento de ellas", comentó.

También destacó que en los últimos años se ha incrementado en un 70 por ciento el número de menores de edad adictos a las drogas que reciben rehabilitación en algún centro de ayuda, principalmente a causa de la desintegración familiar, la desatención de los padres y el libertinaje.

"Los jóvenes confunden la libertad con el libertinaje, y si mi mejor amigo se echa un churro yo también me echo un churro, son imita-changos", expresó.(a)

cultura y tradición se mezclan en Día de Muertos



En el Estado de México, como en todo el país, persiste la veneración a los muertos este 1º y 2 de noviembre, pero la celebración del Día de Muertos difiere en cada región, pues la costumbre data de la época prehispánica; sin embargo, un elemento que no falta en ninguna casa, panteón o iglesia son las ceras, velas y veladoras, pero en la actualidad el arte y la cultura también se han hecho presentes en ferias y festivales.

Es tal la vistosidad de esta celebración que ha atraído la mirada del mundo entero, gente de otras culturas que no entienden la costumbre de venerar a los muertos y rendirle culto a la muerte, por lo que el Día de Muertos ha sido declarado ya por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde el año 2008.

Con la fiesta del Día de los Muertos se celebra el retorno transitorio a la tierra de los familiares y seres queridos fallecidos. Este periodo también marca el final del ciclo anual del maíz, que es el cultivo predominante en el país y coincide con la llegada de la mariposa Monarca, a la que los indígenas mazahuas consideraban la mensajera de las almas de los difuntos.

Pese a la situación económica, las familias se esfuerzan por mantener su tradición y, para ello, en sus casas y, en algunos casos, en las tumbas de sus seres queridos, se montan las tradicionales y mundialmente famosas ofrendas a los muertos, cada una con el sello de la etnia indígena que le dio origen.

Pero el festejo por el Día de Muertos también ha trascendido al arte popular, a la cultura y a las manifestaciones artísticas en donde se da muestra de creatividad y de talento, como en las representaciones artesanales de la muerte, de la prestigiada Catrina que José Guadalupe Posadas inmortalizara en sus grabados o las que con azúcar y colores vegetales endulzan el paladar convertidas en dulce de alfeñique.

Los gobiernos no han dejado de lado esta celebración y cada año invierten considerables sumas de dinero para realizar festivales artísticos y culturales que tienen dos finalidades, una es la de llevar esparcimiento a los habitantes de todas las edades, la otra tiene que ver con el rescate y preservación de tradiciones.

Así, en el municipio de Toluca se realiza la Feria y Festival del Alfeñique, en la primera se expenden las tradicionales "calaveritas" de azúcar, de chocolate o amaranto, junto con las demás figuras de dulce que integran esta artesanía como los borregos, las frutas hechas con masa de pepita, los ataúdes, ofrendas y altares que recuperan las tradiciones indígenas se encuentran a lo largo de Los Portales emblemáticos de la capital mexiquense.

En lo que a festivales se refiere, el de Toluca ha cobrado importancia en los últimos años y su recinto, la Plaza de los Mártires, es adaptado como foro para la presentación de espectáculos musicales, en el cual se ubican, a manera de decoración, Catrinas y Catrines de tamaño gigante observando el Palacio del Poder Ejecutivo y el Palacio Municipal, respectivamente.

El de las Almas en Valle de Bravo -que en los últimos años ha incorporado sedes alternas en diversos municipios mexiquenses- incluye la presentación de artistas locales y de talla nacional e internacional que acercan expresiones como la música, el canto, la danza y la dramaturgia a los mexiquenses que también disfrutan de colocar sus ofrendas a lo largo del malecón de la presa que le ha dado fama nacional e internacional a ese Pueblo Mágico.

Metepec, otro Pueblo Mágico, atrae a vecinos de ese y otros municipios con su mega ofrenda de muertos en el cerro de Los Magueyes o de El Calvario, así como su extraordinaria exposición de Catrinas de diversos tamaños elaboradas con barro natural y pigmentado; barro policromado y vidriado libre de plomo esperan a que se les visite en el palacio municipal.

En Amecameca, específicamente en el parque nacional El Sacromonte, los vecinos de la zona oriente del Estado de México rinden culto a sus muertos con una procesión a la que se acompañan de rezos, cantos y caminan llevando velas, veladoras y sahumerios con copal e incienso.

El valle de México, como cada año, no podía quedarse atrás y el escenario es Xochitla, el Parque Ecológico ubicado en el municipio de Tepotzotlán, para la presentación de su tradicional Festival de Noche de Muertos; este evento, lleno de color, fiesta y verbenas es ideal para celebrar en familia a los fieles difuntos y preservar la tradición ancestral de nuestros pueblos originarios.

Casi todo el mes de octubre Catrinas y Catrines pasean por las plazas comerciales y calles céntricas de los municipios mexiquenses recordando a los transeúntes que la vida es efímera y que llegará el día en que la muerte les lleve hasta el frío sepulcro, para luego invitarles a los eventos artísticos y culturales, como las visitas guiadas a los panteones, en donde se narran leyendas o se realizan breves representaciones teatrales.

Sin embargo, en lugares como Ixtapan de la Sal la ofrenda de muertos incluye comida para los vecinos que se acercan a la casa con una vela o veladora con la que esperan atraer el alma de los difuntos a la casa visitada, en donde reciben alimentos que pueden ser desde un jarro de café o atole con un pan hasta platillos más elaborados como el mole rojo o verde y hasta carne asada, de acuerdo con las posibilidades económicas de cada familia.

Asimismo, en la capital del estado, los palacios de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, así como la sede de todos los municipios mexiquenses acostumbran montar sus tradicionales ofrendas, con el fin de apoyar las acciones de preservación de una de las más ricas y admiradas tradiciones mexicanas en el mundo.

Para la parte espiritual del Día de Muertos, se destacan dos fechas: la del 30 de octubre que corresponde a los que murieron siendo niños aún y la del 1º y 2 de noviembre que está dedicada a los seres queridos que ya siendo adultos abandonaron este mundo para trasladarse a otro plano en brazos de la muerte.

La tradición de la ofrenda de muertos sobrevivió a la Conquista y se mantiene hasta nuestros días con marcadas diferencias entre las culturas indígenas que les dieron origen, pero coinciden en el uso de incienso o copal que se prende en sahumerios, generalmente hechos con barro, el cual es utilizado para aromatizar el camino de las almas; así como las velas o veladoras para iluminar su camino.

Las flores de cempasúchil, el terciopelo rojo y la nube son utilizadas para atraer a las almas a la ofrenda de alimentos y bebidas, porque significan la vida eterna de los muertos en comunión con los dioses, así como para llevar a las tumbas en el día que las almas de los muertos retornan entre los vivos para convivir y disfrutar de su compañía.

En una ofrenda de muertos no puede faltar el agua, fuente de vida y símbolo de pureza que calma la sed del alma que ha traspasado mundos, tampoco deben estar ausentes los platillos que en vida degustaban acompañados, por supuesto de tortillas, pero también de pan, elemento que se sumó a la tradición con la evangelización de los pobladores originales y que representa los huesos de los difuntos; además, no deben dejar de colocar calaveritas de azúcar para endulzar su estancia y regreso al mundo de los muertos.

Algunas etnias esparcen pétalos de flores y colocan velas y ofrendas a lo largo del camino que va desde la casa al cementerio y los manjares favoritos del difunto se colocan alrededor del altar familiar y de la tumba, en medio de las flores y de objetos artesanales, como las famosas siluetas de papel.

Los preparativos se realizan con particular esmero, pues existe la creencia de que un difunto puede traer la prosperidad traducida en una abundante cosecha o la desdicha según le resulte o no satisfactorio el modo en que la familia haya cumplido con los ritos y tradiciones.

Es necesario mencionar que en muchos lugares aún se conserva la tradición de "velar" a los muertos en sus tumbas, por lo cual los panteones, mausoleos y cementerios pueden parecer la noche del 1º de noviembre como una enorme fiesta, pues algunos familiares llevan, incluso, la música que en vida prefería el difunto.(a)

México es último lugar en educación temprana

La OCDE afirma que en nuestro país menos niños de tres años ingresan al kínderxico es el país donde menos niños de tres años ingresan al kínder en comparación con el resto de las naciones de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).

Y aunque en 2012 la tasa de inscripción a la educación temprana era peor que en 2015, nuestro país tiene el primer lugar con menos infantes de tres años que inician su vida escolar en comparación con el resto de la OCDE.

De acuerdo con el Informe Empezando con fuerza IV: Supervisión de la calidad de la educación y atención en la infancia temprana, elaborado por el organismo internacional, en México sólo cuatro de cada 10 infantes de tres años entran al nivel preescolar, mientras que en Bélgica 99 por ciento de los niños en esa edad ingresa al kínder.

Lo anterior demuestra que hay 59 por ciento más niños de tres años en el kínder en ese país que en México, pese a que la Ley General de Educación señala que desde esa edad los pequeños deben asistir a la escuela a su formación temprana, pero aún 60 por ciento de los niños de tres años en nuestro país no acude a la escuela, porque no hay espacio físico o porque los papás deciden no llevarlos.

El Segundo Informe de Gobierno señaló que existen más de dos millones de niños de tres años de edad, pero sólo 899 mil cursan el primer grado de preescolar, lo que equivale a 40.8 por ciento del total de infantes de esa edad que deberían estar en el colegio.

De acuerdo con la ley, desde 2008 entró en vigor cursar los tres grados de educación preescolar de manera obligatoria, pero a siete años de ello, seis de cada 10 infantes de tres años no asisten al kínder.

De hecho, la SEP ha señalado en diferentes documentos que gran parte de los menores de tres años no logran ingresar al preescolar porque se carece de infraestructura y recursos para atenderlos, ya que se les da preferencia a los de cuatro y cinco años.

Por lo anterior, México es el primer lugar entre los países de la OCDE con menos niños de tres años en el kínder, mientras que el promedio del organismo internacional es 75 por ciento.

Los datos del estudio también revelan que en 2005 en nuestro país, cuando no era obligatorio acudir al kínder para los niños de tres años, sólo 25 por ciento de los infantes de esa edad asistían a la escuela, es decir, apenas uno de cada cuatro iba al jardín de niños, por lo que ha habido una mejora, aunque no la suficiente, pues ni la mitad de los pequeños de tres años asiste a la educación temprana.

Entre los países que le siguen a México con los niveles más bajos son Irlanda, Chile, Finlandia y República Checa, mientras que los mejores son Bélgica, Francia, Noruega, Reino Unido, Suecia e Italia, donde más del 95 por ciento de los infantes de tres años van al kínder.

El desarrollo estabilizador: fragmento del libro ‘El jefe de la banda’

López Mateos no fue nunca doblegado en su vocación de servicio al pueblo mexicano. Padeció orfandad infantil, apuro económico, desilusión juvenil, persecución política, autoexilio (...) todo ello no fue suficiente para que decayera su ánimo por servir ni su amor por el pueblo ni su pasión por México.

Adolfo López Mateos murió cuando era, todavía, un hombre muy joven.

Vivió, tan sólo, 59 años. De ellos, los casi tres últimos sumergido en un coma irreversible. Pero siempre he tenido la sensación íntima de que, aunque hubiere vivido 20 o 40 años más, nunca hubiere perdido su formidable y característica jovialidad. Pudo haber llegado a ser un anciano en lo corporal, pero no habría dejado de ser un joven en lo espiritual.

Ésta fue una nota indubitable de su perfil vital. Pero, debemos subrayar, que no se trata de una característica incidental que, únicamente, nos sirviera para explicar a un hombre divertido o ameno o simpático. Nada de eso. Además de ello, este carácter jovial nos resulta esencial para explicarnos muchos de sus personales atributos.

Como es característico en la juventud cuando no se encuentra atrofiada o pervertida, López Mateos era generoso, era sencillo, era valiente, era noble, era franco, era idealista, era alegre, era optimista y era honesto consigo mismo y con los demás.

No tenía, por su jovialidad, aquello con lo que la madurez y la vejez suelen acosarnos y, en ocasiones, atrofiarnos y pervertirnos. Ni la ambición, ni la soberbia, ni la vanidad, ni los miedos, ni el materialismo, ni el desencanto, ni la hipocresía, ni la perfidia. Por ello, junto con otros factores, pudo hacer un buen ejercicio presidencial. Estos caracteres personales nos facilitan entender al estadista y al hombre, así como apreciar sus actitudes, sus sentimientos y sus ideas.

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López Mateos no fue nunca doblegado en su vocación de servicio al pueblo mexicano. Padeció la orfandad infantil, el apuro económico, la desilusión juvenil, la persecución política, el autoexilio personal, el malestar físico y la enfermedad acechante. Pero todo ello no fue suficiente para que decayera su ánimo por servir, ni su amor por el pueblo, ni su pasión por México.

Fue López Mateos, como son los jóvenes, invariablemente optimista. Estaba convencido, sin lugar a dudas, de que México y los mexicanos éramos depositarios de una grandeza nacional. Más aún, casi siempre le atribuía la significativa calificación de “ineludible”.

Porque debemos tener en cuenta que el mismo concepto no es idéntico en todos los presidentes de un mismo país. La misma orden, la misma declaración, la misma palabra o el mismo discurso tienen distintos significados en función de quienes la giraron, la emitieron o lo pronunciaron.

Como mero ejemplo, pensemos en las palabras que se repiten todos los 15 de septiembre en el balcón central del Palacio Nacional. Nos queda perfectamente claro que las palabras ¡Viva México! no significaron lo mismo en Adolfo López Mateos que en Ernesto Zedillo o en Vicente Fox. No me estoy refiriendo a que suenen distinto en cada uno de ellos ni a que uno sea mejor orador que el otro. Me refiero a que cada uno de ellos ha tenido una forma distinta de concebir a su patria, no obstante que ésta sea la misma.

Tengo la impresión de que el concepto de patria para López Mateos se asociaba con el de numen, el de Zedillo con el de historia y el de Fox con el de tradición.

Esto lo digo porque la patria para López Mateos era algo de naturaleza fundamentalmente mística. Algo ubicado por encima de lo terrenal y casi en los linderos de lo divino. La consideraba como una especie de deidad que nos cobija y nos ampara, así como a la que hay que tributarle hasta la vida misma.

Luego, entonces, su idea sobre el heroísmo es la de un deber y no tan sólo la de un mérito.

Baste recordar que en esas ceremonias de el Grito exaltaba a la patria sin bajar la mirada hacia la plaza o hacia el pueblo, sino colocándola en el horizonte y en el cielo. Le hablaba a México con la misma actitud con la que el creyente le reza a su dios. México no era, para él, un lugar geográfico ni una sociedad nacional. Mucho menos una estadística o una encuesta. México era el centro supremo de una religión cívica. Algo superior, indestructible y eterno.

Lo anterior deja en claro la diferencia a la que aludíamos.

Para Ernesto Zedillo su patria era algo ubicado en nuestra historia. Desde luego, pleno de una alta valoración y orgullo. Los insurgentes, Hidalgo, Morelos, la Reforma, Juárez, el movimiento revolucionario, la transformación social, la independencia, el federalismo, la soberanía, el constitucionalismo, las libertades y todo aquello que nos dignifica porque nos costó esfuerzo, sangre, sufrimiento, inteligencia y decisión. Para Zedillo, los mexicanos valemos por lo que hemos hecho, y tiene razón. Para López Mateos, los mexicanos valemos por lo que somos y, también, tiene razón.

Por su parte, para Vicente Fox su patria está representada por un tesoro tradicional. Nuestra familia y nuestros amigos; nuestra región y nuestra comida; nuestra casa y nuestra música; nuestras costumbres y nuestra cultura.

A diferencia de los que he mencionado, para él los mexicanos no valemos por lo que somos ni por lo que hemos hecho, sino por lo que tenemos y, también, tiene razón. No por lo que poseemos en dinero ni en poder, sino en una riqueza común e indivisible aunque, al fin de cuentas, en un haber o tener más que en un hacer o en un ser.

Todo esto no es solamente un asunto filosófico que pudiera considerarse irrelevante e inútil como ejercicio, sino que ello determinó muchos de los referentes de su actuación presidencial, de su relación con el pueblo que los tres han gobernado y de las consecuencias que ello habría de tener para los mexicanos.

Por ejemplo, si no hubiéramos hecho la Independencia y siguiéramos como vasallos de la corona española, López Mateos y Fox nos seguirían valorando casi igual, pero para Zedillo seríamos una ralea inferior. Por el contrario, si no nos inmoláramos en el altar de la patria cuando ésta lo requiriera, Zedillo casi ni se inmutaría, pero López Mateos nos maldeciría por todos los siglos, como bastardos o como renegados, sin ninguno de los derechos de los hijos patrios.

Con lo anterior, López Mateos indicaba que con nosotros, sin nosotros o a pesar de nosotros México había sido, era y eternamente sería grande. Que contra ese signo de grandeza los propios y los extraños resultaban impotentes.

No advertía la grandeza nacional como un estadio futuro ideal o eventual sino como algo tangible desde siempre y hasta siempre. Pero no como una dádiva abstracta y metafísica. No la llamaba “eterna”, calificativo más ligado a lo teológico. La llamaba con un calificativo relacionado con la conducta de los hombres, pero sobrepuesto a ella. La llamaba “la ineludible grandeza nacional”.

En un momento de la vida de México López Mateos nos convenció de que la grandeza nacional es ineludible. Quienes así podamos verlo tendremos resuelta nuestra relación con la Patria.

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Una “leyenda urbana” que ha permanecido durante muchos años y, por cierto, de forma distorsionada como de “teléfono descompuesto”, se refiere a la supuesta nacionalidad guatemalteca de López Mateos. Este mito surgió del Colegio Electoral de 1946 y la verdadera historia es la siguiente.

El Colegio Electoral era, en aquel entonces, el órgano soberano encargado de la autocalificación de las elecciones.

Una mezcla de lo que hoy serían, en este particular sentido, los institutos y los tribunales electorales. Lo integraban los primeros 50 o 60 diputados y senadores que hubieren recibido constancia de mayoría. Lo jefaturaba quien se habría de convertir en líder de la Cámara de Diputados, en esa ocasión, David Romero Castañeda.

Pues bien, fue ése de 1946 un Colegio Electoral particularmente álgido y sólo comparable en su conflictividad con el de 1988. Quizás uno de sus casos más notables fue el de la impugnación de la elección del senador mexiquense Adolfo López Mateos por algo que el tiempo, mezclado con la ignorancia, terminó por distorsionar en la voz popular.

Resulta que, en su juventud, López Mateos se autoexilió y fue a residir a Guatemala. Allí trabó amistad con el dictador presidencial Jorge Ubico, de quien se convirtió en un colaborador meritorio, es decir, sin goce de emolumentos ni relación de subordinación. Cuando el joven mexicano se percató de que el mandatario guatemalteco había caído en un comportamiento dictatorial, se separó de él y regresó a México.

Este suceso impulsó al Partido Acción Nacional, por conducto de Manuel Gómez Morin, a presentar una acusación de inelegibilidad basada en el supuesto de que López Mateos hubiere trabajado para un gobierno extranjero sin recabar el permiso del Congreso de la Unión, lo cual determina, constitucionalmente, la pérdida de la nacionalidad mexicana y, consecuentemente, de los derechos ciudadanos.

Esto no tiene que ver con aquella incoherencia de quienes repiten todo sin entender nada en el sentido de que López Mateos no había nacido en Atizapán sino en Guatemala. A López Mateos no se le acusó congresionalmente de tener nacionalidad guatemalteca, sino de haber perdido la mexicana, precisamente, porque alegaban que, siendo mexicano, no hubiera cumplido con las leyes mexicanas.

Romero Castañeda operó con serenidad y con eficiencia.

La defensa se le encargó a dos senadores electos que tenían muy buenas credenciales como abogados y que ya habían sido hasta presidentes del Tribunal de Justicia de sus respectivos estados. Lo hicieron de maravilla. Por otra parte, Martín Luis Guzmán se encargó de desenredar toda la historia en los archivos guatemaltecos, donde resultó que López Mateos ni figuró nunca como empleado del gobierno ni cobró un solo quetzal. Y al ilustre don Manuel todo se le hizo un batidillo y pasó de acusador a acusado.

Se demostró que era él y no López Mateos quien había dejado de cumplir algunas obligaciones de la ley mexicana de nacionalidad, relacionadas con la hispanidad de sus ascendientes y que lo hacían inelegible para la diputación por la que se había postulado por un distrito electoral de Chihuahua.

Por cierto que aquí se presenta uno de esos tejidos que el destino trama sin nuestra voluntad y sin nuestro concurso.

En esos días de impugnación, la esposa de López Mateos, Eva Sámano Bishop, se acercaba al centro de la ciudad para comer con su esposo, a quien sentía atribulado por la acusación y la impugnación.

Pues bien, cierto día se encontraron en el Café Tacuba, muy cerca de la Cámara de Diputados. Romero Castañeda había designado, esa misma mañana, a los mencionados defensores y sus antecedentes tranquilizaban a López Mateos. Lo comentó con su esposa y le dijo que eran muy competentes pero, lo malo, es que le hacían muy “fea cara”.

Lo cómico es que esos senadores eran Gustavo Díaz Ordaz y Fernando López Arias, dos de los políticos más proverbialmente feos en la historia de México.

¿Cómo le iban a hacer buena cara, si no tenían otra mejor? Lo paradójico es que López Mateos sería compañero de ellos, en el Senado de la República, por los siguientes seis años. Que se haría su amigo inseparable. Y que lo acompañarían en su mandato presidencial. López Arias sería procurador general de la República y, después, gobernador de Veracruz. Díaz Ordaz sería secretario de Gobernación y, después, Presidente de la República. Todo ello, por decisión de Adolfo López Mateos, su defendido 12 años antes, en el Colegio Electoral.

“El poder del Presidente nunca fue absoluto”: José Elías Romero Apis

En el libro ‘El jefe de la banda’, de próxima publicación, el autor desmitifica el poder omnímodo que se ha creído tenía el mandatario en turno de México; quien trató con diez jefes del Ejecutivo federal sostiene que el PRI y otros poderes fácticos acotaban y servían de contrapeso al primer mandatario

José Elías Romero Apis sostuvo que durante los 71 años que el PRI gobernó México “sin limitación alguna”, los presidentes en turno no tenían el poder omnímodo que se ha creído, porque en ese tiempo la lucha por el poder estuvo dentro del mismo PRI.

Romero Apis, autor de El jefe de la banda, libro de próxima publicación, que es un compendio de anécdotas políticas, muchas inéditas, ha estado muy cerca del poder político: ha tratado con diez presidentes de México; de nueve ha sido su amigo y trabajó para seis de ellos durante 30 años. Con base en ese bagaje es que el abogado lanzó su tesis sobre el poder de los presidentes.

Aseveró que prueba del acotamiento que tuvieron quienes se desempeñaron como titulares del Ejecutivo federal durante el llamado priato, entre 1929 y 2000, fue que en su gabinete había cuotas, incluso la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha tenido su silla ahí.

“México fue durante muchos años el gobierno de un solo partido, el PRI, que nos gobernó sin limitación alguna, pero esto no quería decir que fuera el gobierno de un solo individuo. Por una serie de razones históricas, el debate político, la pugna política y los equilibrios políticos se trasladaron al interior de un solo partido, pero ese sistema tenía contrapesos muy importantes”, explicó.

Romero Apis, que hace unas semanas terminó de escribir El jefe de la banda, dijo que su idea era poder retratar la parte humana de los presidentes de México.

Porque al final de cuentas la Presidencia es un ejercicio, podríamos decir simple, si se ve de manera esquemática, subrayó en entrevista.

“La Presidencia es una institución que jefatura el Ejecutivo, que está dispuesta en el artículo 89 constitucional y otros consecuentes. Si tuviéramos que dar una clase de derecho sobre la Presidencia, nos ocuparía una clase de dos horas, no una materia completa ni mucho menos una carrera o un diplomado”.

La banda... presidencial

A pregunta expresa sobre el título del libro de 462 páginas, editado por Plaza y Valdés, que podría ser visto un tanto cuanto provocador en el contexto actual, donde las bandas delincuenciales aparecen por todos lados, Romero Apis aclaró:

“Si tuviera que pagar una regalía, ésa sería para Álvaro Obregón; en alguna ocasión él le dijo a Plutarco Elías Calles, y lo cito en el libro, que los presidentes son los jefes de la banda, refiriéndose a que son jefes y a que usan banda presidencial”.

Romero Apis recordó que la Presidencia es el único cargo en México, como en todas las repúblicas, donde un ser humano usa una banda como distintivo, a diferencia de las monarquías; es el único cargo, ni siquiera las condecoraciones militares usan banda, aunque existe una de esa forma, pero no se otorga.

Acerca de la afirmación de que los presidentes priistas de México entre 1929 y 2000 no tuvieron un poder absoluto, total, Romero Apis, colaborador de Excélsior, explicó:

“El Congreso estaba dividido: había una Cámara que se consideraba la Cámara del partido y ésa era la de Diputados; era una Cámara estridente, a veces insolente, rebelde, integrada por el propio PRI, con sus líderes obreros, agrarios, populares, territoriales y cuadros distinguidos, que eran los dueños del partido, no el Presidente.

“A veces uno de esos dueños podía ser Fidel Velázquez, ellos duraban 30 años, eran vitalicios, vieron pasar presidentes sabiendo que se iban a ir, que llegaría otro y que ellos iban a permanecer. Por otro lado, el Senado era la Cámara del Presidente, ahí estaban todos los cuates del Presidente y eso daba un equilibrio; es decir, ni el Presidente podía todo, porque sólo tenía una Cámara, ni el partido podía todo, porque tenía una Cámara y así se equilibraba el poder”.

Como ejemplo de que los presidentes priistas no las tenían todas consigo, el abogado, que ha sido subprocurador de la República en distintas épocas, menciona que de todas las sucesiones presidenciales bajo el régimen priista sólo en tres casos triunfó la voluntad del Presidente saliente: Adolfo Ruiz Cortines en favor de Adolfo López Mateos, de éste en favor de Gustavo Díaz Ordaz y de Miguel de la Madrid hacia Carlos Salinas de Gortari. Los demás los ganó la circunstancia y el PRI”.

Otro ejemplo que ofrece Romero Apis para tratar de desmitificar lo que hace tiempo se llamó la presidencia imperial, fue que teniendo el PRI el poder absoluto en las dos cámaras, el proyecto de Impuesto al Valor Agregado (IVA) comenzó a gestarse en el gobierno como propuesta en 1967, en tiempos de Díaz Ordaz, y se convirtió en ley hasta 1980, con José López Portillo como Presidente.

“Pasaron 13 años, tres presidentes, cinco legislaturas y seis secretarios de Hacienda. ¿Por qué? Porque al proyecto IVA los diputados populares priistas decían sí; los agrarios sí, pero con cambios, y los obreros decía no, ni hablar. Tuvieron que pasar años de cabildeo”.

Romero Apis no tiene duda de que Carlos Salinas de Gortari fue un Presidente con mucho poder, pero reflexionó sobre los cuatro años que pasó cabildeando todos los días porque el PRI, su partido, no estaba convencido para poder lograr las dos reformas que más le importaban: la del 27 constitucional y la de la relación con la Iglesia.

“Cuando en el PRI se oyó hablar del tema se dijo no. A los primeros que Salinas tuvo que convencer fue a los secretarios del ramo. Fernando Gutiérrez Barrios, entonces titular de Gobernación, y a Carlos Hank González, de Agricultura. Los dos le dijeron ‘no le mueva, Presidente, va a venir el señor Zapata a jalarnos las patas, el señor Juárez se va a revolcar en su tumba’. Y después tuvo que convencer a muchos, incluidos legisladores de su partido”.

Afirmó Romero Apis que la Presidencia de la República ha sido muy obsecuente, muy obsequiosa, muy llena, en algunas épocas, de respeto de protocolos, pero algunas cosas correspondían a estrategia, no a cortesanía.

“Hace años, cuando había Informe Presidencial o el Grito el 15 de septiembre, en su recorrido del Palacio Nacional al Congreso y de regreso las calles estaba abarrotadas de multitudes acarreadas, pero no eran para una cortesanía, el Presidente sabía que eran acarreados, él muchas veces en su carrera había sido el acarreador; también sabía que las porras y los vítores eran simulados, era para ocupar las calles, porque las calles que no ocupas te las ocupan otros; era por una estrategia política, no se la creían. Era para evitar mentadas de madre. Era sensato, ¿a quién invitas a tu fiesta?, pues a tus cuates que te van a aplaudir”.

Aseguró que es verdad que la Presidencia de México ha estado acotada por lo menos por 50 controles. Y explicó: el tiempo de mandato: la no reelección es un acotamiento brutal, el hecho de que sea finita limita excesos. El reparto de poder, el gabinete era corporativo, varios sillones del gabinete tenían dueño de antemano.

“Había un sillón para el PRI, el expresidente del PRI tenía un sillón en automático por el solo hecho de haber ganado la elección, aunque durara poco tiempo; había un sillón de la UNAM: se llamó (Javier) Barrios Sierra, (Jorge) Carpizo , (Guillermo) Soberón, Juan Ramón de la Fuente, Jorge Madrazo; y había tres o cuatro que eran los amigos del Presidente.

“El secretario de Hacienda no era un amigo del Presidente, era del sistema financiero; el secretario de Gobernación era un hombre del sistema político.

“¿De verdad (Fernando) Gutiérrez Barrios era tan brody de Carlos Salinas? Yo diría que no, pero era un hombre del sistema político. Creo que la amistad entre Echeverría y su jefe Díaz Ordaz muy poco tenía de íntima, y la de Miguel Alemán con Ruiz Cortines, menos. Muy pocos de los verdaderos amigos del Presidente estaban en el gabinete”.

Clásico de la ciencia política

En el prólogo de El jefe de la banda, escrito por Pascal Beltrán del Río, director editorial de Excélsior, el periodista apuntó que quien se acerque a este libro de “poderoso y sugerente título” podrá encontrar aspectos desconocidos sobre los presidentes desde Venustiano Carranza a Felipe Calderón. “Es un libro destinado a convertirse en un clásico de ciencia política mexicana”.

Al respecto, Romero Apis calcula que los hombres de la política que lean el libro lo van a encontrar algo ameno y quizás interesante en algunas de las páginas.

“Creo que el hombre más experimentado que podamos pensar hoy en día en la política mexicana va a encontrar en las páginas de este libro algo que no sabía. Los propios protagonistas del libro van a saber algo de ellos que no supieron en su momento.

“Eso nos pasa a todos, en la política, como en la vida diaria, los hombres vemos hacia el frente y a veces un poquito de reojo hacia los lados, pero nuestros 90 grados de visión óptica coinciden mucho con nuestros grados de visión mental, y casi nunca vemos lo que sucede a nuestras espaldas, casi nunca vemos lo que sucede arriba de nuestra cabeza y casi nunca vemos lo que pasa en la planta de nuestros pies. Y eso, a veces, nos lo tienen que decir.

“Esto es un poco como aquella guasa infantil, que el que está atrás de un niño le pone cuernos en la cabeza y él no se da cuenta, y ve que el que tiene enfrente se ríe. Y le pregunta ‘¿de qué te ríes?’ y el otro contesta ‘de nada’. Y no sabe por qué se ríen de él. Así pasa también con los grandes hombres, hay cosas en las que no saben por qué se están riendo de ellos. Hay seres humanos y algunos muy poderosos a quienes les han tenido que explicar los chistes que se han hecho sobre ellos, porque no tienen una idea muy clara de lo que pasa a sus espaldas”, dijo el también presidente de la Academia Nacional.

A los muertos en Oaxaca los traen en papalotes

Los habitantes del pueblo de Ikoot lanzan señales al viento para orientar a las almas extraviadas
s papalotes pasean libremente por el cielo de este rincón del Istmo de Tehuantepec para ir a encontrarse con el ánima de los muertos y traerlos de regreso a casa, aunque sea por unas horas.

En la víspera de la celebración del Día de Muertos, en el cielo de este rincón del pueblo indígena Ikoots, ubicado en una pequeña franja, colindante con el océano Pacifico y la Laguna Inferior, pasean papalotes de distintos tamaños, elaborados con papel y plástico.

“Los mareños lanzamos los papalotes al aire para encontrar el alma de nuestros difuntos por si no recuerdan el camino, por si están extraviados”, dice Bertha Guerra.

“Al llegar a la casa, continúa, las ánimas son recibidas con una vela encendida en medio de un altar con alimentos, con ramos de albahaca junto con flores de cempasúchitl”.

Y así, conforme se acerca la fecha del recibimiento de las almas, en las calles arenosas de San Mateo del Mar se ven a las familias que celebran la altura que alcanzaron sus cometas con una tira larga de papel de colores.

Por momentos, el cometa se pierde. Va y viene con libertad, aunque por momentos regresa a la tierra para tomar impulso. El viento del norte que pasa en el Istmo favorece el vuelo de los papalotes.

Niños y adultos festejan con risas y bromas la altura que alcanza su diseño.

El papalote va al cielo, allá buscará al difunto para que llegue con bien a recibir los alimentos que aguardan en el altar, dijo Sara Ivette Buenavista, habitante y asesora bilingüe en San Mateo del Mar.

Considera que su pueblo conserva su tradición, porque son reservados en sus ritos; es una forma de proteger lo propio, como ocurre con el idioma, las danzas y su lengua.

La asesora bilingüe del Instituto Estatal de Educación para los Adultos (IEEA) desconoce desde cuando y dónde inició dicha tradición.

Pero no descarta que simbolice una herencia de sus ancestros, que llegaron en barco en el siglo XVII procedentes de Nicaragua. Llegaron a poblar este sitio rechazados por los zapotecas.

¡A volar papalotes!

Sara invita a sus vecinas a reunirse a un costado del palacio municipal, frente al templo católico, deteriorado por el tiempo y la sal del mar que acarrea el viento permanente de la zona mareña.

Una de sus compañeras, Regina, participa con un cometa de color negro, dice que éste servirá para buscar el alma de una persona adulta. Su hijo lleva uno en forma de ave, que servirá para encontrar el ánima de un niño.

El 42% de los estudiantes de bachillerato reprueban o abandonan la escuela de manera temporal o definitiva

Los alumnos de bachillerato que no terminan su estudio en tres años son vistos por las autoridades de la UNAM como una sangría económica
El egreso oportuno de los estudiantes de las preparatorias de la UNAM es más bajo en comparación con el promedio nacional.

De 100 alumnos de la misma generación que ingresaron en 2012 a los planteles de bachillerato de la universidad, sólo 58 lograron terminar sus estudios en los tres años que marca el reglamento, mientras que los 42 restantes reprobaron o abandonaron la escuela de manera temporal o definitiva.

A escala nacional la eficiencia terminal es de 65.5 por ciento, según cifras de la SEP; es decir, que en promedio por cada 100 alumnos que ingresan al bachillerato en el país, 65 logra concluir sus estudios en tres años reglamentarios.

Pero en las escuelas preparatorias de la Universidad Nacional, la tasa de eficiencia terminal está por debajo del promedio nacional por siete puntos porcentuales, lo cual demuestra que a pesar de ser los planteles más solicitados por los adolescentes en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, quienes ingresan no logran terminar en tiempo y forma su bachillerato.

De acuerdo con el Informe de actividades de la Escuela Nacional Preparatoria 2014-2015, la eficiencia terminal mejoró un punto porcentual en comparación con el ciclo escolar anterior, al pasar de 57 a 58 por ciento.

Pero el reporte señala que es necesario elevar el rendimiento académico de los alumnos a través de tutorías, debido a que 42 por ciento de los estudiantes preparatorianos no terminan el bachillerato de la UNAM en el tiempo establecido, debido a que reprueban materias o porque desertaron en algún momento de sus estudios.

Ese nivel de eficiencia terminal, revela que sólo un poco más de la mitad de los alumnos que ingresan a la Escuela Nacional Preparatoria logran concluir sus estudios en tres años, en tanto que casi la otra mitad se queda rezagada.

Eso representa una pérdida no sólo de tiempo para los estudiantes, sino también para las autoridades de la Universidad Nacional señalan que significa una pérdida económica, porque invierte en alumnos que no cursan su trayectoria académica en el tiempo establecido y eso genera un costo extra.

La Huasteca y Sierra Alta veneran a todos los santos

En Hidalgo, la festividad más representativa del Día de Muertos se da en la región de la Huasteca y Sierra Alta, donde se lleva a cabo el tradicional Xantolo, palabra introducida al náhuatl por la deformación de la frase latina festiumominum sanctorum y que significa Fiesta de todos los santos
En hidalgo, la festividad más representativa del Día de Muertos se da en la región de la Huasteca y Sierra Alta, donde se lleva a cabo el tradicional Xantolo, palabra introducida al náhuatl por la deformación de la frase latina festiumominum sanctorum y que significa Fiesta de todos los santos, además de tener un peculiar culto a los muertos en el que se les recuerda y venera de manera especial.

El festejo del Día de Muertos en la Sierra Alta y Huasteca hidalguense es la fiesta más grande e importante que existe en esas regiones. Cada año, el festejo atrae a centenares de paseantes, no sólo del interior del estado o del país, sino del extranjero.

Fue por ello que el Congreso local aprobó la declaratoria de Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado de Hidalgo para el Xantolo: Día de Muertos.

El diputado por el distrito de Huejtla, Omar Daladier Zerón, precisó que la tradición se acompaña de danzas, cantos y típicos platillos. Se caracteriza por la devoción, el esmero y la unión con que los habitantes de las pequeñas comunidades huastecas y serranas que esperan la llegada de sus familiares y amigos que ya no se encuentran con ellos.

PGR abre acta por explosiones en Línea 2 del Mexibús

La dependencia federal informó que trabajará de manera coordinada con la PGJEM, luego de que se inició una carpeta de investigación
Procuraduría General de la República informó que se inició un acta circunstanciada los artefactos explosivos que fueron detonados en la Línea 2 del Mexibús en el Estado de México.

La Procuraduría General de la República, informa que se inició el Acta Circunstanciada 51PP/2015 el día de hoy, en la Delegación del Estado de México, por violación a la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, por los hechos ocurridos en la línea 2 del Mexibús”.

A través de un comunicado, la PGR señaló que trabajará de manera coordinada en todo lo relacionado con la investigación con la Procuraduría General de Justicia del Estado de México (PGJEM), quien inició una carpeta de investigación.

Los hechos ocurrieron al interior del patio de maniobras de la estación Las Américas, en Ecatepec, por lo que se decidió retrasar el servicio.

La Línea 2 del Mexibús corre de La Quebrada, en Cuautitlán Izcalli, a Las Américas, en Ecatepec, prestando servicio a 200 mil personas cada día, a través de 97 unidades que garantizan la movilidad de los pasajeros a lo largo de la Vía López Portillo, conectándolas con el Tren Suburbano.